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domingo, 13 de diciembre de 2009

Más liviano que el aire, la novela de Federico Jeanmarie


Esta novela se lee de un tirón, con la fascinación de los textos bien escritos, originales, redondos. Como dice García Márquez:“hay que agarrar por el cuello al lector”. Y Jeanmarie lo logra.
La historia es asfixiante. Una vieja de 93 años tiene encerrado en el baño de su departamento a un chico de 14 que le quiso robar. Los términos aquí se trastocan. La aparentemente frágil anciana es la que tiene el poder y lo ejercita. Lo hace obligándole a escuchar la historia de su madre, haciéndole recomendaciones de maestra ciruela, desplegando a través de su voz la ideología de la clase dominante en la que se cruza el anatema sarmientino civilización/barbarie y todos los clisés etnocéntricos que se escuchan en los medios.
El personaje del chico está construido a través de la voz del otro, pero las palabras de la anciana le permiten al lector adivinar su desesperación, su bronca, se desamparo, sus deseos de venganza.
Como lo señala Pablo de Santis, uno de los jurados que premió esta novela, (Premio Clarín 2009) la anciana es una especie de Sherazade perversa que encuentra en esa situación anómala una forma de paliar su soledad y sus miserias. De alguna manera remite a otra historia exasperante, Misery de Stephen King, novela que narra la misma relación víctima-victimario, una lectora fanática que mantiene prisionero a un escritor del que ella es lectora.
En “Más liviano que el aire” la cuestión es más sutil, lo aparente cambia de signo, el victimario se convierte en víctima y debe someterse a la locura de una anciana que dista mucho de ser piadosa y comprensiva, por lo contrario, goza con ese poder que descubre. Ella es la que fija las reglas, la que da de comer o no, y sobre todo, la que toma la voz.
La otra historia incluida, la de la madre, nos remonta a principios del siglo XX, y narra la aventura de una osada mujer que llega al crimen y a la inmolación por el sólo placer de volar en los comienzos de la aviación.
En una Argentina en la que vuelven a escucharse discursos que atrasan treinta años, como los del flamante ministro de educación de Buenos Aires, Abel Posse, la protagonista de “Más liviano que el aire” es un personaje que desnuda el racismo, la incomprensión y la crueldad de una clase social aún hegemónica.

2 comentarios:

Casa Eolo dijo...

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Agos :) dijo...

Sinceramente, me resulto de mucha ayuda su post. Muchisimas gracias =)