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domingo, 10 de mayo de 2015

Jardín secreto

Es domingo a la mañana, me levanto temprano porque voy a hacer una torta para el mediodía. Nos han invitado a almorzar. Hago la preparación y enciendo el horno. Durante cuarenta minutos deberé estar atenta para que la preparación no se queme. Sé que no puedo hacer otra cosa más que merodear el horno. Si me siento a escribir, como todas las mañanas, vaya a saber en qué  monstruo se convertirá ese revuelto de crema, harina y huevos. Así que salgo al jardín a buscar un hueso de juguete que le compré a Domingo, nuestro cachorro. Y es entonces, cuando descubro un mundo ignorado.


Debajo de las matas de  hortensias marchitas y de los helechos hay  seres que están viviendo una vida que yo ignoraba. Una colonia de hongos de suaves texturas amarillentas, algunas orugas vegetales que ondulan bajo el nogal, hojitas de un verde estridente que hacen guiños cómplices, pegajosas esponjas violáceas adheridas a los troncos de los árboles.
El mundo secreto de la naturaleza habla en la mañana de domingo y yo, cámara en mano, me siento una Alicia en el país de la tierra húmeda. Encuentro un diminuto frasco con una etiqueta que dice “Bébeme” y tomo su contenido. Mi cuerpo se achica y ya casi soy del tamaño de la copa de los hongos más pequeños, los que crecen bajo las hojas gigantes de la gorra de vasco. Me siento en la tierra húmeda junto a las babosas y los caracoles y saco estas hermosas fotos.
El olor a quemado me devuelve  a mi tamaño natural y corro a salvar mi torta. Confío en q el conejo blanco o el Sombrerero Loco me esperen  entre las hojas  húmedas, en la misteriosa tierra del jardín secreto.