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viernes, 18 de noviembre de 2011

Pasaje a la frontera




Alumnos de 2° año de la Escuela de Educación Técnica de Bragado leyeron Pasaje a la frontera, mi novela juvenil publicada por Editorial Comunicarte. Sus profesoras, Mariana Chacón y Eliana Ceballos me invitaron a compartir una jornada en la que me mostraron las producciones de los chicos a partir de la lectura y me preguntaron muchas cosas. Fue un momento muy feliz para mí. A los escritores nos gusta saber cómo leen lo que nosotros escribimos, qué interpretaciones se hacen del texto. Hubo reflexiones, dibujos, videos y mucha curiosidad por saber de dónde saca uno las historias. Chicos lectores de la escuela pública y docentes imaginativos. Un momento muy emocionante.
Escribí Pasaje a la frontera a partir del interés que suscitó en mí el tema de la zanja de Alsina, una especie de obra ciclópea y fallida que trazaba una frontera entre el mundo civilizado y el territorio de los pueblos originarios que, a fines del siglo XIX configuraban el enemigo absoluto.
Así empecé a investigar sobre esa zanja que abarcaría más de seiscientos kilómetros desde el sur de Córdoba hasta Bahía Blanca, entonces me encontré con el personaje de Alsina, un hombre que discutía con Roca la cuestión de la conquista del desierto. El pensaba que había que poblar, instalar telégrafos, plantar árboles para volver productivas a esas tierras. Fue víctima de muchas burlas en el periodismo de la época, se decía que iba a construir una especie de muralla china para abajo y se veía cuán infructuosa era esa zanja puesto que pronto se fue derrumbando con las lluvias y, si bien impedía que los pampas se llevaran el ganado, pronto encontraron métodos para sortearla. Una muralla hacia abajo llena de porosidades por las que los dos mundos seguían comunicándose. Alsina muere en ese intento, apenas se construyeron trescientos setenta y cuatro kilómetros y se enferma para morir mientras inspecciona la línea de fortines.
Alsina también era un personaje interesante: su virtud para decir encendidos discursos, su larga cabellera, la capa corta que usaba, la enorme galera alta, tipo chimenea, un paraguas cuyo mango era una especie de maza medieval, su enorme nariz que hizo las delicias de los caricaturistas y su personalidad simpática unida a su vozarrón imponente.

Pero mientras iba fracasando en la novela que me había impuesto escribir, una novela para adultos con un viejo profesor que deambulaba por un colegio fantasma evocando el pasado que incluía la historia de la zanja, después de sucesivas versiones, pensé que podría trabajar el tema con otros géneros. Una novela de aventuras y ciencia ficción con viaje en el tiempo incluido.

Recurrí a diversas fuentes, leí todos los textos que se escribieron sobre el tema a fines del siglo XIX. Las crónicas de viajeros extranjeros, libros sobre Buenos Aires y sus costumbres, las biografías de Alsina, textos sobre costumbres de los pampas, relatos de extranjerosy toda la literatura del desierto.
Si bien lo histórico está apenas implícito en la obra creo como Hemingway en la teoría del iceberg. Según él la narración es como un iceberg. Para que la parte expuesta al público se sostenga, tiene que estar respaldada por mucha más cantidad de información que aunque no lo advierta del lector, le va a llegar de alguna forma.. Es necesaria una base sólida para que la parte de la historia que se cuenta funcione y sea verosímil, como un iceberg.
También la novela está cruzada por mis otras lecturas, y llena de guiños para el lector entrenado. Aparece Pampín, el dueño de un almacén que existió en Warnes y que Haroldo Conti narra en un cuento, escenas de La excursión a los indios ranqueles de Mansilla, y hasta El cautivo de Borges encarnado en Nahuel. Creo que es una novela para jóvenes que recrea el imaginario de la literatura argentina de fines del siglo XIX interpolada en el mundo del siglo XXI con sus posibles catástrofes ecológicas.
La aventura es la esencia misma de la ficción y ocurre cuando el azar o el destino se entromete en la vida diaria y produce cambios substanciales. Toda narración avanza cuando se pasa de una situación de equilibrio a una complicación que generará la acción. Puede ocurrir en un mundo parecido al nuestro –parecido- no igual, porque es otro mundo, uno paralelo en el que los personajes están siempre en tensión. Estos personajes, que pueden ser niños o jóvenes -no necesariamente- o alguien que necesita crecer, pasar una frontera y de ahí iniciar un viaje -no importa cuán lejos-, si deberá saltar de un continente a otro o andar por los caminos vecinales de su pueblo. Es ahí, en el camino, en el viaje, donde aparece el miedo a lo desconocido, el miedo a no saber cuál será el resultado de la acción: es decir, la incertidumbre. Si algo enseña la novela de aventuras es a comprender el rol de la incertidumbre en la vida, que doblemente paraliza e incita a la acción.
El héroe, de Pasaje a la frontera, Manuel, tiene todos los condimentos de los héroes clásicos que gustan a los jóvenes: infancia o entorno desdichado, su vida transcurre en dos mundos paralelos, tiene amigos como Nico y Nahuel que lo complementan y con quienes trabaja en equipo.

5 comentarios:

Roxana D'Auro dijo...

Qué maravillosa experiencia cris , compartir una jornada "face to face" con tus lectores. Felicitaciones !

mariana dijo...

Todavía siguen los comentarios por tu visita, gracias Cris, me alegra que lo hayas disfrutado.

Anónimo dijo...

Gracias Cristina, pasamos un momento muy grato y estoy segura que para los chicos será inolvidable.

Eliana dijo...

Gracias Cristina, pasamos un momento muy grato y estoy segura que para los chicos será inolvidable-

maria jose chiavaro dijo...

Cuál sería el problema de La novela?