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viernes, 17 de enero de 2014

Plantar una lengua

Gallito ciego
Hernán Schillagi
Libros de piedra infinita, 2013


Una secreta trama unifica estos poemas en los que la escritura, y sus ideas afines: mensajes, textos, cartas, palabras, intentan plantar una lengua para escribir al futuro. En los versos del epígrafe -extraídos de un poema de Boccanera- está la primera clave de lectura: “escribir con la mano del deseo, ese libro que mañana hablará como un hijo”.
Como en el juego del gallito ciego al que remite el título, el poeta intenta orientarse hasta encontrar las palabras que alumbren las zonas de oscuridad, que lo devuelvan a la aldea de la infancia de donde fue desterrado, que lo ayuden a improvisar la última palabra.
Poesía que remite a otros textos, emanada de un lector que se guarda personajes para luego compartirlos. “arqueología del café” remite al comienzo de El coronel no tiene quien le escriba de García Márquez, “Strogoff” es una clara alusión a la novela de Julio Verne, Strogoff, el mensajero del rey. En ambos  textos se busca que la palabra defina, evoque, abra un paréntesis.
He aquí la segunda clave, la poesía como mensaje cifrado, como un enhebrar palabras con los ojos vendados, un aferrarse al idioma sin soltarse para entender la existencia.
El libro de poemas de Hernán Schillagi  resplandece en imágenes, algunas nos remiten a actos cotidianos: encender una salamandra, rallar una manzana, viajar en colectivo, pero detrás de los gestos sencillos, están las historias sin contar, esa “ficción que sangra y late en los gestos rotos”
 Poemas que remiten no a los iluminados lugares que idealizamos sino a sus zonas más oscuras donde merodea la muerte como expresa el poeta en  “el sabor de lo perdido recuperado”.  Porque la palabra es aquí un rayo que hiere pero también libera al silencio (“lengua suelta”)
Poemas en los que las metáforas  se construyen desde la observación de acciones mínimas trazando  una escritura imposible de traducir como es toda experiencia humana y que solo se conserva en los dedos que “son la memoria del tiempo”
Una escritura que intenta nombrar el mundo como sólo un poeta puede hacerlo. Sólo él  puede oír la música de las palabras aun en los periódicos usados para envolver un ladrillo que paliará el frío del invierno y que permitirá ahuyentar a los monstruos.
Construcción imaginaria de una lengua que pueda descifrar los secretos, los sueños, el quiebre de la inocencia, el amor y la muerte.

Hernán Schillagi (1976, San Martin, Provincia de Mendoza, Argentina)