martes, 3 de marzo de 2026

Mi Alfonsina

 


Un poco más azul que el mar, María Cristina Alonso, (Niña Pez, 2025)

No sé de dónde vino la idea de trabajar con el personaje de Alfonsina Storni. Seguramente porque siempre me gustó su rebeldía, su empeño en escribir a pesar de su desamparo económico y su constancia para construir una obra singular.

Pensemos que en un tiempo en que la voz femenina es casi desconocida en el campo cultural, una mujer que es poeta, maestra y periodista representó una irrupción. Ella no pedía permiso para escribir, su experiencia personal llevada a su poesía la convertía en una pionera de luchas futuras.

Alfonsina Storni siempre me pareció una escritora única, una auténtica rebelde, una mujer disruptiva que se atrevió a  romper con las normas de la sociedad en la que vivía. Tuvo un hijo de soltera, se ganó la vida con múltiples trabajos. Se subió a escenarios, dio cátedras, arengó a las mujeres para que se liberaran del patriarcado. Pensemos que en su tiempo las mujeres ni siquiera votaban, hizo desde los trabajos más humildes como trabajadora en una fábrica de gorras, moza en el café de su padre, costurera, oficinista  pero también desarrolló una actividad intelectual que la convirtió en una de las escritoras más leídas de su época.

Todos esos aspectos de su vida ya han sido sobradamente estudiados, expuestos, difundidos. Yo quise, con este libro hacer otra cosa, pensarla gozosa y no sufriente, pensarlo en ese lugar que siempre describió con tanta belleza en sus poemas: el mar.



Revisando su iconografía encontré una foto que  me disparó este libro: Alfonsina abriendo una puerta, sorprendida por el fotógrafo a punto de entrar, imagino que a su casa. Y es ahí donde empezó a colarse lo fantástico. Ahí estaba la historia. El umbral donde podía hacer el pasaje de un mundo cotidiano al imaginario. El espejo de Alicia, el ropero de Narnia, el Aleph de Borges. Detrás de esa puerta estaba  ese mundo fantástico que describió en sus poemas a partir de la metáfora del mar. Una metáfora de la muerte absolutamente original que fue construyendo en sus poemas hasta que, al final de su vida, decidió hacerla realidad y se fue a  vivir a ese mundo acuático en el que ya no sufría dolor ni inquietud.

La ficción permite transformar situaciones dolorosas en revanchas para quienes las padecieron. Si bien para Alfonsina acabar con su vida fue una decisión muy personal que, según sus biógrafos, buscó poner fin a su enfermedad y a muchos dolores personales, preferí imaginar que esa decisión se convertiría en un viaje gozoso y gratificante.

Alfonsina fue armando, tal vez sin proponérselo una escritura política, porque a principios de siglo una mujer tenía muchas luchas que realizar. Y fue tan valiente que tuve ganas de hacer realidad ese  mundo marino que imaginó en algunos poemas. Colores, objetos, seres del mundo marino, cristales de nácar, ciudades alucinantes. Una casa libre de todas las perturbaciones, una casa para andar en libertad más allá del dolor y de las luchas humanas.

A Alfonsina no le gustaban las jaulas, por eso eligió el mar que no tiene límites y parece infinito.

En esa vida de navegante eterna en el fondo del océano, la Alfonsina de mi libro tiene ojos para ver escenas del pasado y del presente que ocurren en las profundidades.

Y la idea me permitió jugar: ¿Qué pasaría si de pronto Alfonsina, ya instalada en el fondo del mar como lo dice ese poema “Yo en el fondo del mar” (En el fondo del mar hay una casa de cristal, a una avenida de madréporas da…”, se cruzara de pronto con el submarino amarillo de los Beatles, ese submarino de la canción compuesta por Paul Mac Cartney e interpretada por Ringo Starr que cuenta la historia de un marinero que relata su vida en la tierra de los submarinos.  La canción dice “Pues navegamos hacia él /Hasta que encontremos el mar verde/ Y vivimos por debajo de las olas” y así anda Alfonsina en este libro, navegando sin tiempo.

.El poema “Yo en el fondo del mar” configuró mi libro.

Ahí Alfonsina reunió todo su mundo imaginario: la casa de cristal, la avenida de madréporas, el pez de oro, el pulpo que le hace guiños, el bosque verde, las sirenas.

Entonces, si Alfonsina en su viaje eterno por los océanos podía encontrarse con el submarino de los Beatles también podía, por qué no, toparse con los despojos del Titanic, que pese a la corrosión de tantos años hundidos aun guarda vestigios de la gente que viajó y sucumbió en él.



Como ese viaje es eterno e intemporal, también podría encontrarse con los desesperados que se lanzan al mar en precarias embarcaciones y hasta con la selva de su amigo Horacio Quiroga.



Me propuse a través de textos y dibujos sumergirme en el mar que, para Alfonsina representaba la inmensidad, un refugio y una fuente de inspiración que incentivó su creatividad. Sus descripciones del mar siempre evocan paz y plenitud y es allí donde parece encontrar su libertad anhelada.

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