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miércoles, 6 de agosto de 2008

La casa del silencio

Voy a comentar una novela que terminé de leer el último verano pero que hoy volví a recordar al revisar mis notas sobre los libros que leo. Es una buena costumbre hacer una breve anotación para que, al cabo del tiempo, recordar todo lo que uno leyó.
La novela en cuestión es La casa del silencio de Orhan Pamuk, relato extraño que transcurre en la lejana Turquía pero que, a medida que uno se va adentrando en sus páginas, comienza a descubrir que la sociedad que pinta es demasiado parecida a la nuestra, aún en sus rasgos fundamentalistas.
Hay un personaje que es extraordinario: Fatma, una vieja que recuerda a pesar de sí misma. Otro es Recep, un enano, su criado, que dice: “…el hombre no debe sentir miedo mientras desde algún rincón se filtre aunque sea un poco de luz y el mundo no esté en las tinieblas.”
La novela cuenta la vida cotidiana de una familia turca, una abuela –Fatma- y sus nietos: Faruk, Metin y Nolgum y el criado Recep, en los años 80.
Se cierra con la voz de la anciana que recupera un recuerdo de la infancia. Ha ido a jugar a la casa de unas amigas y, cuando la madre la va a buscar para regresar a su casa, llora desconsoladamente. Pide llevarse un libro que le han leído. Es el Robinson de Defoe. Y entonces, compara a la vida con la lectura. No se puede volver a vivir pero “si tienes un libro entre las manos, por confuso e incomprensible que sea, cuando lo terminas puedes, si quieres, leerlo otra vez y comprender lo incomprensible, para comprender la vida”.

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