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viernes, 13 de junio de 2008

La literatura en la escuela


La idea de una tierra, una zona, un área, donde pudiéramos refugiarnos los lectores, siempre me ha rondado. No un gueto, ni una construcción exclusiva y excluyente. Sino un lugar para invitar a que se sumen cada vez más y más personas de todas las edades, pero por sobre todo los jóvenes, mis alumnos reales e imaginarios. Juntarnos en un territorio sin fronteras para sentarnos a leer y compartir lecturas. Una utopía, quizá, pero ¿acaso los maestros y profesores no somos seres utópicos que dedicamos nuestros días a pensar un mundo construido de libros y sustentado en conocimientos para hacer una sociedad más amigable, más humana, basada en la tolerancia y la reflexión?
Ese lugar, esa zona de lectura, esa biblioteca inagotable no tiene otro objetivo más que el placer de encontrarse con los mundos de la imaginación, la aventura, las especulaciones filosóficas, la fantasía.
Es acaso la escuela el último reducto en donde la literatura puede darse cita con los niños y jóvenes. Pero esos encuentros suelen ser complicados. La literatura se institucionaliza, se vuelve obligación para la próxima clase, se convierte en nota, en tarea, en deber. No tengo una solución para eso. Sólo creo que cada profesor, en cada situación de clase, debe buscar la manera en que los escritores llamen a la puerta del aula y establezcan un diálogo íntimo, personal con cada alumno. No es tarea fácil, no siempre se logran los resultados que el profesor o el maestro sueñan. Sin embargo, vale el intento.
En ese intento tiene que mediar la pasión que el docente sienta por los libros, que despliegue sin retaceos esa biblioteca posible que circula en su sangre, ese amor incondicional que ha ido cultivando al correr de las páginas de los textos que lo han construido como persona. Porque si no creemos que la literatura nos transforma todo intento pedagógico carece de sentido.
Uno puede enseñar muchas cosas sin haberlas experimentado. Veamos: se puede enseñar la conquista del espacio sin haber salido de la órbita terrestre a bordo de una nave; se pueden enseñar los ríos y las selvas de África sin haber tenido el aliento cálido del león sobre la nuca; se puede enseñar el aparato respiratorio del ser humano sin diseccionar un cadáver sobre el escritorio o la batalla de San Lorenzo sin haber sido amigo de Cabral. Pero con la literatura es distinto. Uno no puede hablar de libros sin haberlos recorrido con el ardor de un náufrago hasta la última página y sin haber amado desesperadamente esos mundos de ficción, sin haber querido quedarse a vivir para siempre en ellos.
Lang dice que los primeros amigos en la tierra de los relatos son siempre los más reales. “La gente habla, en las novelas, sobre las delicias de un primer amor. Uno puede dudar si cada uno sabe exactamente cuál fue su primer amor, ya se trate de un hombre o de una mujer, pero sobre nuestros primeros amores de los libros no puede haber error. Fueron, y siguen siendo los más queridos; después de la adolescencia, la literatura pierde frescura.”
¿Qué leer en la escuela? Es ahí en donde el profesor manda. Un profesor es, en todo caso, un lector entrenado que da de leer. Un arbitrario lector que entrega a sus héroes, sus islas, sus amores contrariados, a sus tesoros secretos. Alguien que selecciona -de la gran biblioteca del mundo- algunos ejemplares para que sus alumnos entren en el paraíso de la lectura. Sólo eso.

3 comentarios:

lucia pereyra dijo...

Genial ! pienso y hago lo mismo .soy prof y lic en letras ademas de autora. Me paso lo mismo con "cRISIS" como hago para comprarla? CRISTINA SOS GENIAL !!!!!!!!!!!

lucia pereyra dijo...

QUE BUENO ENCONTRAR ENTRE LA GRAN CHATURA QUE SUELE HABER EN LA DOCENCIA ALGUIEN QUE DIGA ESTO. SOY PROF Y LIC EN LETRAS Y AJTORA ,COMULGO CON VOS ,CRISTINA ,EN ESTO Y HAGO MIA TUS PALABRAS CON RESPECTO A LA REVISTA "CRISIS" . NO TENGO TU SUERTE ,NO ME QUEDO NI UN EJEMPLAR.UN ABRAZO

lucia pereyra dijo...

Ah mi libro se llama "A pesar de todo " ed del copista y mi nombre es Lucia Pereyra de Novelli