viernes, 3 de abril de 2009

Muñeca rusa de Alicia Dujovne Ortiz

Alicia Dujovne Ortiz nos tiene acostumbrados a una prosa ágil y llena de humor. Lo de ella es, evidentemente, la novela biográfica. Basta recordar algunas obras de esta autora: “María Elena Walsh”, “Maradona soy yo”, “Eva Perón: la biografía”, “Anita cubierta de arena”, entre otras. “Muñeca rusa” (Alfaguara, 2009) es la historia de África Las Heras, alias Patria, una española que fue espía de la Unión Soviética en tiempos de la guerra fría. Una mujer que seduce en París al escritor uruguayo Felisberto Hernández, se casa con él y monta una red de espionaje que se extiende por toda América latina. Si bien la vida de África es fascinante de por sí, lo interesante de la novela es su construcción, su trabajo intertextual con la obra de Felisberto, el andamiaje que la autora va edificando en torno a un personaje que vive en un mundo dual en el que es una mujer dulce y servicial y a la vez un despiadado soldado de la revolución.
África es una muñeca rusa, una mamushka que esconde otras en su interior y por encima de ella, un personaje ficticio, Oleg, su jefe que, desde las sombras, va escribiendo la vida que la espía debe vivir. Oleg es un demiurgo, un titiritero que maneja los hilos de una mujer que hasta el último momento, creerá en su misión revolucionaria y no se permitirá dudar aun cuando quienes la rodean van cayendo en las purgas stalinistas o en el descreimiento que anticipará la Perestroika.
Como un segundo autor de la historia, Oleg representa la contradictoria sensación del escritor que crea a un personaje y lo va acompañando a medida que vive, involucrándose él también en la historia que cuenta. Oleg, como cualquier narrador, no vuelve a ser el mismo después del acto creativo, un narrador que se da el lujo de escribir “sobre la carne de sus personajes”.
El escritor singular que fue Felisberto Hernández -elogiado por Cortázar- autor de cuentos surrealistas en los que los objetos y los seres se fragmentan en múltiples pedazos conformando un universo único en la narrativa rioplatense, aparece en la novela de Dujovne genialmente retratado a partir de los misterios de su vida y de su obra. Alguien que escribió: «Yo estaba destinado a encontrarme sólo con una parte de las personas, y además por poco tiempo y como si yo fuera un viajero distraído que tampoco supiera dónde iba». Y así aparece encontrándose sólo con una parte de África, mirando sin ver la otra muñeca que anida en ella.
Una novela fascinante más allá de la historia increíble de una coronela que simula ser modista y ama de casa, fascinante por su lenguaje que juega con la ironía y con el absurdo, que teje un mundo de apariencias y realidades y que mantiene al lector expectante hasta la última página.


miércoles, 1 de abril de 2009

Manuel Puig: un escritor y sus voces

Manuel Puig fue uno de los escritores argentinos más importantes del siglo XX. Un escritor que pobló sus novelas de voces que hablan de cosas sin importancia, pero en las que sus personajes cargan sus deseos y frustraciones, sus fantasías que traen evocaciones de películas, radioteatros y revistas con estrellas de cine. Los personajes se muestran al desnudo con sus propias voces y revelan su condición de gente común de clase media, pueblerina. Manuel Puig profesaba una admiración profunda por el cine, y como en él, trata de eliminar al narrador, que la historia se cuente sola, a través de los personajes. Hay quienes ven en la escritura de Puig un cierto parentesco con los guiones cinematográficos. Sin embargo, hay una diferencia evidente, en los guiones siempre se cuenta una acción, en cambio en las novelas de Puig impera la muestra de lo detenido: una carta, un diario íntimo, una foto.

Manuel Puig murió lejos de la Argentina, en Cuernavaca, México, a los 58 años como consecuencia de una operación de vesícula. Hoy es considerado uno de los escritores más importantes de la segunda mitad del siglo XX y todavía su literatura es absolutamente innovadora y original.
Aunque sus obras se convirtieron en best- sellers y se llevaron al cine, al teatro o se convirtieron en óperas, sus comienzos no fueron nada fáciles.
Hay que considerar que nació en un pueblo del noroeste de la provincia de Buenos Aires, General Villegas en 1932.
Desde muy chico sintió fascinación por el cine, al que iba todas las tardes con su madre a ver las películas de Hollywood que lo hacían vivir en un mundo de sueños. Dijo alguna vez: «Crecí en la pampa en un mal sueño o más bien un mal western». Pero en realidad nació en un cine o mejor, en una casa de sueños.
La atmósfera represiva, machista de su pueblo y el cine fueron dos ingredientes de la realidad que le sirvieron a Puig para crear su original mundo narrativo.
El pueblo que inventa en sus dos primeras novelas, La traición de Rita Hayworth y Boquitas pintadas es Coronel Vallejos una reproducción casi fotográfica del pueblo en el que el escritor había vivido de niño: General Villegas. "Lo que daba prestigio en Villegas era humillar a las mujeres, reivindicar la fuerza del macho. Por eso de chico anhelaba ir al cine, donde la bondad, el sacrificio y la humildad eran premiados", declaró Puig cuando ya era un autor consagrado.
Puig es uno de los escritores argentinos más importantes de su generación y su influencia en la nueva narrativa latinoamericana crece día a día. Leopoldo Torre Nilson llevó al cine Boquitas pintadas su novela mas famosa en 1974 (Alfredo Alcón y Luisina Brando fueron los protagonistas). Babenco llevó al cine El Beso de la mujer araña en 1985 y el mismo Puig hizo la adaptación cinematográfica de su novela Pubis Angelical, film que dirigió Raúl de la Torre en 1982.

Puig estudió cine en Roma durante los años sesenta y se cruzó con la literatura cuando se sintió un director fracasado. Reivindicó desde un discurso erudito la cultura popular. Se tuvo que exilar a principios de los años setenta.
Manuel Puig renovó la novela y su narrativa aún luce joven y vigente. Sus textos, que fueron traducidos a muchos idiomas, hoy son leídos y estudiados en las carreras de humanidades de muchas Universidades de América Latina.

Novelas de Manuel Puig: La traición de Rita Hayworth (1968)-Boquitas pintadas (1969) ,The Buenos Aires Affair (1973),El beso de la mujer araña (1976)-Pubis angelical -1979)-Maldición eterna a quien lea estas páginas (1980), Sangre de amor correspondido (1982), Cae la noche tropical (1988)

miércoles, 25 de marzo de 2009

"Desmemoria de esperanza" en la Escuela Media n° 2 de Bragado


El fotógrafo Xavier Kriscautzky mostró su audiovisual “Desmemoria de La Esperanza” a mis alumnos de la Escuela Media n°2, en una serie de actos destinados a conmemorar el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Este trabajo contrapone imágenes de un ingenio de Jujuy, La Esperanza, tomadas en 1906 a aborígenes que trabajaban en él y que Kriscautzky encontró en el archivo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata con las que él mismo sacó cien años después, en 2006 en las que se ve la misma situación de pobreza y exclusión.
El trabajo de Kriscautzky está plasmado en un libro que publicó el Ministerio de Educación de la Nación y en un audiovisual que permite ejercitar la memoria. Estas fotos nos hablan de cómo miraban los científicos de principios del siglo XX a los pueblos originarios, con total impudicia y racismo, y nos hace reflexionar sobre constantes ideológicas que vienen de vieja data en nuestro país, nos posibilita destejer el nudo entre liberalismo y militarismo en Argentina que llevó a la represión de todo aquel que se considerara un “otro”. Si como dice David Viñas en su libro “Indios, ejército y frontera” los indios fueron los desaparecidos de 1879, época de la campaña del desierto, vemos cómo la historia Argentina se configura en un doble genocidio: el de los indios en la campaña militar al desierto y el de los desaparecidos de la última dictadura militar.
Dice Kriscautzky con respecto a las fotos halladas en el Museo de La Plata: “Hay muchísimos desnudos. El científico que hacía desnudar a los indios en la fotografía no lo hacía por una necesidad de la antropometría, que se basaba en estudiar las medidas del cráneo y rasgos faciales. Lo hacía para hacer su trabajo más atractivo a la vista al espectador. O sea que los desnudaba sólo por el hecho de generar un marco erótico en las imágenes, cuando al mismo tiempo en Europa se había prohibido la venta de fotografía pornográfica”.
El documental puede verse en: http://www.xavierkriscautzky.com.ar/paginahtml.html

lunes, 16 de marzo de 2009

Los escritores y las nuevas tecnologías


¿En qué medida la informática ha modificado este oficio? Hoy el escritor no sólo puede difundir su obra a través del libro, sino que puede hacerlo en un sin número de páginas web, revistas electrónicas dedicadas a la literatura, en sus propios blogs a los que puede acceder gratuitamente y, además puede informarse sobre concursos en los que probar suerte o acceder a talleres literarios a través de Internet.
Desde la aparición de las nuevas tecnologías de la información han surgido nuevos géneros literarios: las novelas basadas en los blogs o blogonovelas, los textos híbridos a los que se ha dado en llamar blooker –blog más book, a los que se les incorpora imágenes- y se ha vuelto más ágil la manera de comunicar la literatura existente con anterioridad a la era electrónica.
Pero, ¿es que antes de la digitalización de los textos el escritor no echaba mano a la tecnología?
Walter Ong en su libro Oralidad y escritura sostiene que la escritura (y especialmente la escritura alfabética) constituye una tecnología que necesita herramientas y otro equipo: estilos, pinceles o plumas, superficies cuidadosamente preparadas, como el papel, pieles de animales, tablas de madera; así como tintas o pinturas, y mucho más.
Si consideramos las tres tecnologías: la escritura, la imprenta y las computadoras, la escritura es la más radical porque inició lo que la imprenta y las computadoras continúan: la reducción del sonido dinámico que es la oralidad al espacio inmóvil de la página.
Lo que sucede es que hemos interiorizado tan profundamente a la escritura que nos cuesta concebirla como una tecnología.
Muchos escritores han reflexionado acerca de los medios utilizados para escribir sus obras.
Octavio Paz sostuvo que “Un novelista necesita su máquina de escribir, pero se puede escribir en cualquier momento, en cualquier parte. A veces compongo mentalmente un poema en el ómnibus o caminando por la calle.”
Gabriel García Márquez por su parte, define de esta manera su relación con la tecnología: “Todos los días hago una copia en papel de lo que escribo en la computadora. Yo no creo mucho en estos aparatos...¡Es que lo que está ahí escrito no existe, es completamente imaginario! Y yo, hasta que no lo veo en una hoja, no lo creo. A la noche me pongo a leer en la cama lo que hice y ahí empiezo a corregir...”
Para el escritor norteamericano Paul Auster sus herramientas son bastante alejadas de los ordenadores: Casi siempre escribo una página por día -no necesariamente buena- y siempre en los cuadernos Clairfontan, de gran formato que me envían desde Francia. No lo hago por fetichismo sino porque me encanta el pequeño cuadriculado de las hojas: son como cajitas que contienen las letras.”
Los cierto es que, a partir del uso de ordenadores, el escritor puede escribir sus obras de manera más relajada. Pensemos lo que sucedía en tiempos de la máquina de escribir. Había que hacer copias y copias y siempre se estaba sujeto a errores y a la necesidad de hacer nuevas correcciones o abollar la hoja y comenzar nuevamente. Invalorable es el auxilio de correctores ortográficos, diccionarios en línea y buscadores de información.
Con el ordenador se puede intercambiar frases sin tener que volverlas a escribir, se puede cambiar el orden de los capítulos si se escribe una novela, o ir viendo las variaciones de un poema desde el inicio de su creación con solo copiarlo y corregirlo todas las veces que requiera su construcción.
La transferencia de un texto a un soporte electrónico lo hace flexible y maleable, cosa que no sucede con el texto impreso, atrapado por su misma mate­rialidad. Del texto electrónico se pueden extraer palabras, nociones, índices de frecuencia; se pueden aproximar palabras o lugares que contengan analogías o afinidades, y construir, en suma, un texto nuevo cuyo autor sería el lector. Esto es lo que algunos han llamado "escrilectura" o "lectura interactiva". Pero, como bien dice Umberto Eco, “El ordenador no es una máquina inteligente que ayuda a gente estúpida, de hecho, es una estúpida máquina que funciona sólo en manos de gente inteligente.”

sábado, 7 de marzo de 2009

Los cuentos de Calleja


Cuando yo era chica jugaba con Ofelia a la muñeca. Pero mis pasos no se encaminaban a su casa por el afán de hacer biberones de agua o armar las camitas para nuestras muñecas de plástico en un galponcito que se convertía, en nuestra imaginación, en una casa hermosa o en un palacio de brillantes y estiradas torres. Mi interés por la casa de Ofelia estaba en una caja de zapatos guardada en un armario de la sala. A veces, cuando llovía, Ofelia accedía a sacarla y ahí estaba mi deseo, mi pasión: una colección infinita de pequeños libros de cuentos, los Cuentos de Calleja.
Eran publicaciones de bolsillo profusamente ilustradas que me sumergían en un mundo fantástico del que no quería volver y, quizá por eso, a Ofelia no le gustaba mucho despertar esa caja de maravillas, porque a mi después de que los tenía en mis manos las muñecas no me importaban nada.
No hace mucho le pregunté a Ofelia por esos libros. Ahora somos dos señoras grandes que trabajamos en la misma escuela. La casa de su infancia está vacía, sus padres murieron y tal vez esos libros sigan estando en la misma caja como hace cuarenta años atrás. Pero Ofelia me ha dicho que no tiene tiempo de buscarlos y que quizá ya se hayan perdido.
No importa, en mi imaginación vuelven esas páginas maravillosas, y puedo pasar mentalmente las páginas recuperando a la niña que fui.
Saturnino Calleja, el creador de ese magnífico emprendimiento cultural, nació en Burgos en 1853 y revolucionó el mundo editorial de su tiempo destinando a los niños ediciones baratas y bellamente ilustradas. Fundó periódicos destinados a los maestros y defendió sus derechos en una época en que esa profesión estaba por demás devaluada. De ahí viene la frase “pasar más hambre que un maestro de escuela” Publicó además textos clásicos, varias ediciones del Quijote, la versión completa de Platero y yo y varios diccionarios. También creó la Asociación Nacional del Magisterio Español y organizó la Asamblea Nacional de Maestros. Con todo ello se convirtió en el líder indiscutible de los Maestro españoles.
Calleja será para mí, para siempre, ese tesoro deseado en las tardes lluviosas del verano, cuando Ofelia me permitía abrir la caja donde todos los héroes y todos los villanos, todas las hadas, príncipes y princesas me estaban esperando. Yo largaba las muñecas, que eran tan aburridas, y me iba por esos caminos de papel hasta que Ofelia me traía de vuelta de una oreja.

martes, 24 de febrero de 2009

9° Encuentro de escritores bienal e internacional de Villalonga, partido de Patagones

Por amor a la literatura
En Villalonga comienza la Patagonia y, cada dos años, se inicia una experiencia casi inédita en el país. Una bibliotecaria que desde muy niña supo que a la realidad hostil se la conjura con la imaginación, organiza un encuentro bienal e internacional de escritores. En este caso, el realizado entre el 18 y el 22 de febrero fue el noveno. Y no es poco si se piensa que Villalonga queda lejos de todo y que los que concurren son escritores y artistas que viven a miles de kilómetros de distancia pero que lo hacen porque saben que allí, en ese pueblo cebollero, acosado por la sequía, encuentran un espacio para confraternizar, hacer circular sus trabajos, recibir los premios de los concursos de cuento y poesía, asistir a talleres, escuchar buena música.
La gestora de este encuentro es María del Tránsito Zúñiga, una mujer que un día se propuso que todo el pueblo leyera y, desde la biblioteca de la Sociedad Agrícola Ganadera de Villalonga comenzó a acopiar libros, escribirse con autores consagrados, hacer circular en fotocopias los cuentos de los pobladores que hablaban del mundo y las vicisitudes que les había tocado en suerte. En un silencioso trabajo de difusión de la literatura, creó un taller literario, denominado “Cómplices de sueños” que, desde hace más de dieciocho años, reúne a chicos que escriben poesías y cuentos y participan de concursos en los que han obtenido importantes premios.
“A veces, dice Mary Zúñiga, vienen los trabajadores rurales que pasan dos o tres meses sin regresar a la ciudad a buscar libros. Se los llevan de a dos o de a tres y los devuelven con las tapas ajadas, impregnadas de tierra, pero leídos, y entonces la biblioteca cumple su cometido, dar de leer, alimentar el espíritu, abrir mundos en lugares donde el trabajo es rudo y sin descanso”.
La Biblioteca Raúl Entraigas es un espacio luminoso atiborrado de libros y plantas y, desde una ventana se ven los campos sedientos de lluvia. “Con estos –señala una pequeña biblioteca de libros de la colección Corín Tellado de tapas cien veces abiertas- empiezan los lectores no entrenados, por aquí los entusiasmo.”
Pero la biblioteca es mucho más vasta, tiene ediciones de clásicos y contemporáneos y de los escritores que asisten a los encuentros y dejan sus producciones.
Mary vivió en su juventud en el campo y casi sin instrucción, se convirtió en una lectora voraz, cuando no había libros se conformaba con los diarios que llegaban a su cocina envolviendo los alimentos. Sed de palabra tuvo Mary desde siempre y la fue saciando cuando terminó el secundario de grande y luego estudió la carrera de bibliotecología.
Por sobre todo ama a la poesía, y desde los inicios sintió que esa pasión debía ser socializada. De esa manera empezó por los más chicos que llevaban libros a sus casas y convertían en lectores a sus padres.
Viajera constante llevando a sus chicos poetas a encuentros y certámenes fue conociendo a otros escritores y así ideó los encuentros en Villalonga que se han sucedido ininterrumpidamente desde 1992 y a los que han asistido nombres célebres de la literatura como María Kodama que estuvo en dos oportunidades, el poeta Hugo Mujica, la cuentista Poldy Bird, la poeta Esther de Izaguirre entre otros.
En este último encuentro al que asistí como otros años en calidad de jurado del concurso de cuentos, estuvieron presentes entre otros: Alfonso Nassif, poeta de Santiago del Estero, Ricardo Altamirano poeta y profesor chileno, el fotógrafo platense Xavier Kriscautzky, el narrador Blas Tadeo Cáceres de Comodoro Rivadavia, la poeta mapuche Liliana Ancalao, Virginia Beccaria, licenciada en comunicación que homenajeó a Alfonsina Storni y artistas plásticos “Chelo” Candia, Maggie Koenigsberg y Duilio Pierre que hicieron un mural de homenaje a Alfonsina Storni y a Violeta Parra.
La plaza de Villalonga vio transitar durante cuatro días a más de cincuenta invitados, que se alojaron en un complejo habitacional de la parroquia y en los hoteles del pueblo. El más fascinante, a 7 Km. de la planta urbana, Los gauchos, está contiguo a una laguna de sal cuya soledad evoca las pinturas metafísicas de Giorgio de Chirico.
Como la Colonia Vela de Soriano, la Santa María de Onetti, la Yoknapatawpha de Faulkner o el Macondo de García Márquez, Villalonga parece un lugar ficticio, un extraño paraíso donde los lectores y escritores encuentran su patria.

martes, 17 de febrero de 2009

Sólo recordamos lo que nunca sucedió


Marina de Carlos Ruiz Zafón

Carlos Ruiz Zafón es un escritor de novelas para jóvenes. Conoce todos los trucos para atrapar a cualquier lector, a los desprevenidos y a los entrenados. Pone en su novela Marina (1999) todos los condimentos necesarios para sentarse a leer y no abandonar: dos personajes jóvenes: Óscar y Marina, una mansión casi en ruinas, una ciudad, Barcelona, que aparece descrita más allá de sus sitios turísticos, con callecitas estrechas y penumbrosas, antiguos teatros abandonados, cementerios visitados al anochecer, túneles infectos.
Como en toda historia de aventuras, de la situación de equilibrio inicial se pasa a las complicaciones. Óscar Drai regresa a Barcelona para contar un episodio vivido en su adolescencia mientras estaba en un internado religioso en el periodo que va de 1979 a 1980. En esa época, cuando tenía 15 años conoció a Marina , una chica de su edad que será su compañera a través de las entrañas de la ciudad en pos de revelar el secreto de un personaje misterioso, Mijail Kolvenik, una especie de doctor Frankenstein aún más diabólico, señor de la noche, de la vida y de la muerte.
La novela, pese a abusar de algunos clisés propios del género fantástico y de terror, es capaz no sólo de emocionar, sino también de mantenernos atrapados entre sus páginas hasta llegar a la última, sin pestañar. “Sólo recordamos lo que nunca sucedió”, escribe Óscar cuando ya grande revisa su pasado. Creo que esta novela encierra algunas imágenes memorables de incendios y terrores que son difíciles de borrar.
Otros libros recomendados del mismo autor: La sombra del viento y El tren de medianoche.

viernes, 13 de febrero de 2009

Julio Cortázar a 25 años de su muerte, los lectores seguimos su juego



Hace veinticinco años, un 12 de febrero de 1984, murió Julio Cortázar, un escritor que fascinó a mi generación pero que aún sigue haciéndolo con los jóvenes lectores.
Explicar la dimensión de Cortázar es quizá una tarea sin sentido. El mismo teorizó acerca de las explicaciones en su libro “Un tal Lucas” de esta manera: “En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.”
Por eso, al margen de la crítica literaria que se encarga de develar los secretos de una obra, la escritura de Cortázar es esa zona fantástica donde el lector, por más desprevenido que esté no deja de hundirse en ella para participar de un embotellamiento en la Autopista del sur, recalar en la isla griega al mediodía junto a Marini, conocer con estremecida crudeza la última miseria del boxeador Justo Suárez, penetrar en el espacio profundo de los axolotl o recuperar las crueldades de la infancia den Final de juego, por recordar sólo unos pocos de sus memorables cuentos.
¿Dónde encontrar a Cortázar sino en cada uno de sus juegos, de sus enigmas alumbrados por la llama de lo fantástico? Las imágenes de la niñez, las calles de un Buenos Aires lejano, el amor como un paraíso a veces negado y a veces concedido, (“porque es preciso que no estemos tan solos, que nos demos un pétalo, aunque sea un pastito, una pelusa”), la vida en el cielo de esa “Rayuela” que fue su novela más renovadora, más deslumbrante.
A Cortázar le gustaba hablar de botellas lanzadas al mar, de mensajes secretos que el escritor envía a la realidad y que ésta los devuelve dándole forma y figura en la imaginación de sus lectores. Por eso, en cada una de sus páginas, tal vez en las entrelíneas, están marcados los caminos secretos que conducen a la comprensión de un hombre que, a los 69 años, dolorido por la muerte de Caroll Dunlop y enfermo, todavía era un gigante joven, con esa juventud que tienen los que no pueden quedarse del lado de acá de la vida.
Impulsor de las insurrecciones populares, simpatizante de la revolución cubana y del sandinismo nicaragüense, defensor de los derechos humanos, ensayista polémico sobre la realidad latinoamericana, Julio Cortázar pensaba sin embargo, que la misión revolucionaria del escritor estaba en escribir bien y ser fiel a sí mismo.
Hace 25 años, Cortázar dejó de escribir en su casa de la rue Martel para que la realidad imitara al arte. Desde aquel domingo de su muerte París se empequeñeció un poco para los lectores que seguimos recorriéndola a través de sus iluminadas páginas.

“Cuando yo hablo de juego- explicó Cortázar en una entrevista- hablo siempre muy en serio como hablan los niños, porque para los niños el juego es una cosa muy seria, no hay más que pensar cuando éramos niños y jugábamos, los que nos parecían triviales eran los grandes cuando venían a interrumpirnos, nuestro juego era lo importante y la literatura es también así, es lo mismo”.
“Es muy hermoso ver cómo juega un gato, cómo juega un perro o cómo incluso juegan los caballos jóvenes. El juego es algo que está integrado a la esencia de la vida, no sólo de la vida humana. Ahora, nosotros tenemos naturalmente la posibilidad de crear juegos, de racionalizarlos, de complicarlos y por ahí los convertimos en sinfonías, en poemas, en cuadros o en novelas”. (Sosnowski, Saúl. Modelos para desarmar, entrevista con Julio Cortázar en Espejo de escritores, 1985)

martes, 10 de febrero de 2009

Aventuras en borrador (fragmento)



Uno

Que dos exploradores de Australia del siglo XIX se mezclen en una aventura de mis diecisiete años, no tiene razón de ser si no te hablo de mi tío Alberto.
Alberto Aguirre era viajante. Vendía libros cuyos catálogos llevaba en una valija de cuero agrietado. Iba de pueblo en pueblo, por el oeste de la provincia de Buenos Aires, a bordo de su falcon modelo '63, que ya por ese entonces, a principios de los años setenta, estaba bastante mal de chapa y el motor por fundirse. Alberto era un tipo imprevisible; cada vez que regresaba tenía una historia nueva para contar. Nunca se las creímos del todo, pero servían para disimular los silencios de las sobremesas que a veces se volvían melancólicos. Mezclaba hechos reales con aventuras extraídas de los libros. Leía con la misma pasión con que solía emborracharse. El alcohol y la lectura eran, según él, dos vicios incurables.
Vas a sentarte, vas a preparar el mate y vas a escuchar hasta el final, Pepe, porque esta historia es a la vez dos historias, o tres, o muchas. Te ves cansado, y yo también. Pero tendrás paciencia, porque las cosas tienen que quedar claras. No sucedió hace poco. Aquellos acontecimientos pasaron hace más de veinte años, cuando yo era joven y creía que la vida podía ser una aventura interminable. En verdad, más que una aventura fue un largo viaje más fantástico que real. Por aquel entonces, soñaba con un destino de película. Las chicas de pueblo vivíamos más a través de lo que veíamos en el cine o leíamos en las novelas, que de las cosas que nos pasaban todos los días. No todas, para ser precisa, pero yo era una de ellas. No imaginaba un futuro común y corriente, un hogar, hijos y la tranquilidad de un televisor encendido frente a una mesa tendida. Quería ser misionera en el Africa, buscar galeones hundidos en el Caribe, alfabetizar a los indios en el Amazonas, o irme para siempre con la troupe de un circo. Quería ser lo contrario a mi vieja que limpiaba y cocinaba todo el día. Ambicionaba desafiar a la naturaleza, inventar una vacuna, figurar en los libros que narran vidas ejemplares.
Pero, un día, mi tío Alberto pegó un portazo en mi casa y se fue para siempre. Había discutido con mi padre seguramente porque le debía plata. Mi tío Alberto, Pepe, era un tipo de esos que convence a todos de que está por realizar el negocio más importante de su vida y después se gasta la plata en cualquier pavada. Ahora le veo ese costado irresponsable, pero en aquel tiempo era para mí un héroe de película, una especie de cow-boy que manejaba al mundo con ternura y rudeza.
(María Cristina Alonso, Aventuras en borrador, Ediciones Colihue, Colección La Movida, 1999)Descripción:
Alrededor de un tío legendario confluyen en esta novela historias del presente y del pasado: amor y locura en tiempos de Rosas, una expedición a Australia en el siglo XIX la fascinación de la narradora por su tío. La intensidad del lenguaje y su imaginación hicieron a esta novela ganadora del primer premio del concurso Colihue la Movida, cuyo jurado estuvo integrado por los escritores Alma Maritano, Ana María Shua, Elvio Gandolfo, Oche Califa y Pablo de Santis